Por Carlos Manuel Pérez-Pérez, Rafael Oliveira, Renato Fernandes y Lorena Rodríguez-García
Palabras clave: PUBLICACIONES, educación física, primeros auxilios
Cada curso escolar miles de estudiantes participan en actividades físicas dentro y fuera del centro educativo. Caídas, golpes, esguinces, heridas o incluso situaciones de mayor gravedad, como un atragantamiento o una parada cardiorrespiratoria, forman parte de los riesgos inherentes a cualquier práctica motriz. Aunque la mayoría de estos incidentes tienen consecuencias leves, la respuesta inmediata de las personas presentes puede resultar determinante para evitar complicaciones e, incluso, para salvar una vida.
Ante esta realidad surge una pregunta: ¿están los estudiantes preparados para actuar correctamente cuando se produce una emergencia?
Tradicionalmente, la enseñanza de los primeros auxilios en la escuela ha ocupado un papel secundario, abordándose de manera puntual mediante charlas teóricas aisladas. Esto ha dificultado que el alumnado adquiera la confianza y las habilidades necesarias para intervenir en situaciones reales. Sin embargo, en los últimos años, la investigación científica y la normativa educativa señalan un camino diferente: aprender primeros auxilios no consiste en memorizar protocolos, sino en desarrollar competencias para actuar con seguridad, responsabilidad y eficacia.
En este contexto, la Educación Física ofrece unas posibilidades excepcionales. Al ser una materia eminentemente práctica, cooperativa y basada en la toma de decisiones constante, se convierte en el entorno privilegiado para que este aprendizaje sea significativo y útil para la vida. La propuesta de Pérez-Pérez y cols., parte de esta premisa y plantea un itinerario educativo progresivo a lo largo de toda la Educación Secundaria y el Bachillerato. No se trata de impartir una sesión aislada de reanimación cardiopulmonar, sino de construir un camino donde el alumnado consolide sus competencias paso a paso mediante experiencias prácticas y simulaciones.
La formación en primeros auxilios abarca un conjunto habilidades como son; reconocer una situación de peligro, proteger el entorno, avisar correctamente a los servicios de emergencia, mantener la calma y comunicarse con eficacia son competencias tan cruciales como la ejecución de una técnica concreta. En este sentido, la evidencia científica demuestra que estas capacidades no se desarrollan de forma eficaz mediante un aprendizaje puramente teórico. Diversos estudios internacionales coinciden en que las metodologías activas incrementan la motivación, mejoran la retención a largo plazo y facilitan la transferencia de conocimientos a la realidad.
Este enfoque competencial coincide plenamente con la legislación educativa española actual, la cual apuesta por metodologías que permitan al alumnado aplicar el conocimiento en contextos reales, desarrollar autonomía y asumir un papel activo. Los primeros auxilios son el ejemplo perfecto de aprendizaje útil que conecta directamente la escuela con la vida cotidiana.
Uno de los principales retos de la enseñanza de los primeros auxilios consiste en pasar de la teoría a la acción. Saber qué hacer ante una emergencia no significa necesariamente ser capaz de actuar correctamente cuando esa situación ocurre de verdad. El estrés, la incertidumbre o el miedo pueden hacer que incluso quienes conocen los protocolos duden a la hora de intervenir. Por este motivo, nuestra propuesta apuesta por un aprendizaje progresivo, práctico y contextualizado, en el que el alumnado aprende haciendo. En lugar de memorizar conceptos para un examen, los estudiantes participan en situaciones simuladas, resuelven problemas, trabajan en equipo y experimentan escenarios similares a los que podrían encontrarse en la vida cotidiana.
La propuesta se estructura a lo largo de toda la Educación Secundaria Obligatoria y el Bachillerato, respetando el desarrollo madurativo del alumnado y aumentando gradualmente la complejidad de los contenidos. Durante los primeros cursos de Educación Secundaria, el objetivo principal es desarrollar una cultura de prevención. Los estudiantes aprenden a identificar situaciones de riesgo, adoptar medidas de seguridad y conocer el protocolo PAS (Proteger, Avisar y Socorrer). Estas primeras experiencias se presentan mediante juegos cooperativos, pequeños retos y actividades dinámicas que convierten el aprendizaje en una experiencia motivadora y cercana.
En los cursos posteriores, las actividades incorporan nuevos contenidos relacionados con la atención inicial a diferentes tipos de lesiones y accidentes. Se introducen simulaciones sobre heridas, hemorragias, traumatismos, quemaduras, atragantamientos o pérdidas de conocimiento. El objetivo pasa de conocer los protocolos a aprender a tomar decisiones de forma rápida y coordinada.
Fuente de la imagen: Pixabay
En Bachillerato, la propuesta alcanza su mayor nivel de complejidad. Se trabaja con escenarios integrales donde deben aplicar todos los conocimientos adquiridos durante los cursos anteriores. Estas simulaciones incluyen situaciones que exigen valorar el entorno, organizar el trabajo en equipo, realizar maniobras de reanimación cardiopulmonar, utilizar un desfibrilador externo automatizado de entrenamiento y coordinar la actuación hasta la llegada de los servicios de emergencia.
Este enfoque progresivo responde a lo que la investigación educativa viene demostrando en los últimos años: las competencias en primeros auxilios no se adquieren mediante una única intervención puntual, sino a través de experiencias repetidas, adaptadas a la edad del alumnado y contextualizadas en situaciones reales o simuladas.
Las simulaciones constituyen el eje central de la intervención. Recrear escenarios similares a los que pueden producirse en un centro educativo permite que los estudiantes practiquen procedimientos técnicos mientras desarrollan habilidades como la comunicación, el liderazgo, la toma de decisiones o el control emocional. Cada simulación se convierte en una oportunidad para reflexionar, identificar errores y mejorar la actuación mediante el acompañamiento del profesorado.
El aprendizaje cooperativo también desempeña un papel esencial. Las actividades se organizan habitualmente en pequeños grupos donde cada participante asume una responsabilidad concreta. Esta distribución favorece la participación activa de todo el alumnado y reproduce la forma en que realmente se actúa durante una emergencia. A ello se suma la incorporación de estrategias lúdicas y elementos de gamificación. Lejos de restar rigor, el componente lúdico contribuye a consolidar conocimientos y favorece una mayor implicación durante las actividades.
Otro aspecto relevante es la evaluación. En lugar de limitarse a comprobar si el alumnado recuerda determinados contenidos, la propuesta plantea una evaluación auténtica, centrada en observar cómo aplica los conocimientos en situaciones prácticas. Para ello se utilizan rúbricas, listas de verificación, portafolios, autoevaluaciones y coevaluaciones, herramientas que permiten valorar no solo la ejecución técnica, sino también la capacidad para trabajar en equipo, comunicarse eficazmente y tomar decisiones bajo presión.
Este modelo ofrece una visión mucho más completa del aprendizaje y favorece que los propios estudiantes sean conscientes de sus fortalezas, de los aspectos que necesitan mejorar y de la responsabilidad que implica intervenir correctamente cuando una persona necesita ayuda. La experiencia desarrollada en esta propuesta demuestra que el aprendizaje de los primeros auxilios trasciende el ámbito sanitario para convertirse en una herramienta de formación integral. Cada simulación, cada reto cooperativo y cada situación de emergencia planteada en clase obliga al alumnado a desarrollar competencias que difícilmente podrían trabajarse con la misma intensidad mediante metodologías tradicionales.
Una de las primeras capacidades que se fortalece es la toma de decisiones. Ante una situación simulada de emergencia, los estudiantes deben analizar rápidamente el contexto, identificar posibles riesgos, priorizar actuaciones y decidir cuál es la respuesta más adecuada. Este proceso favorece el pensamiento crítico y la resolución de problemas en escenarios de incertidumbre, habilidades que resultan útiles mucho más allá del ámbito escolar.
Igualmente importante es el desarrollo de la comunicación. Actuar correctamente en una emergencia implica transmitir información precisa, coordinarse con otras personas y mantener una comunicación eficaz tanto con los compañeros como con los servicios de emergencia. Estas competencias comunicativas se trabajan de forma natural durante las actividades cooperativas y las simulaciones.
El trabajo en equipo constituye otro de los pilares fundamentales de la propuesta. Las emergencias rara vez se resuelven de manera individual; requieren coordinación, reparto de responsabilidades y confianza entre quienes intervienen. Por ello, las actividades planteadas sitúan constantemente al alumnado en dinámicas colaborativas donde cada participante desempeña un papel específico.
A ello se añade un aspecto especialmente relevante desde el punto de vista educativo: el desarrollo de valores. Ayudar a otra persona, mantener la calma, actuar con responsabilidad o mostrar empatía hacia quien necesita asistencia son aprendizajes que contribuyen directamente a la educación en ciudadanía y a la convivencia escolar. En este sentido, enseñar primeros auxilios supone también enseñar solidaridad, compromiso y responsabilidad social.
Diversos estudios recientes coinciden en señalar que las metodologías activas empleadas en la enseñanza de los primeros auxilios incrementan la motivación del alumnado y mejoran la retención de los aprendizajes respecto a modelos basados exclusivamente en clases magistrales. Cuando los estudiantes participan de forma activa, experimentan situaciones cercanas a la realidad y comprenden la utilidad práctica de lo aprendido, aumenta significativamente su implicación y su confianza para intervenir ante una emergencia.
En definitiva, el verdadero valor de esta propuesta no reside únicamente en enseñar a realizar correctamente una maniobra, sino en formar jóvenes capaces de actuar con criterio, serenidad y responsabilidad cuando alguien necesita ayuda. La escuela no solo debe preparar al alumnado para superar exámenes o adquirir conocimientos académicos. También tiene la responsabilidad de formar ciudadanos capaces de actuar con serenidad, responsabilidad y solidaridad cuando alguien necesita ayuda. En ese propósito, la Educación Física posee un enorme potencial educativo. Enseñar primeros auxilios no consiste únicamente en aprender una técnica; significa enseñar a cuidar, a decidir y, en ocasiones, a salvar una vida.
Artículo original:
Pérez-Pérez, C. M., Oliveira, R., Fernandes, R., & Rodríguez-García, L. (2025). Didactic Proposal for Teaching First Aid in Physical Education: A Playful and Competency-Based Approach in Secondary and Upper Secondary Education. Publicaciones, 55(2), 141–152. https://doi.org/10.30827/publicaciones.v55i2.3570
Cómo citar esta entrada:
Manuel Pérez-Pérez, Carlos; Oliveira, Rafael; Fernandes, Renato y Rodríguez-García, Lorena. (2026). Formar para actuar: una propuesta innovadora de primeros auxilios en Educación Física. Aula Magna [Blog]. https://cuedespyd.hypotheses.org/22647
OpenEdition le sugiere que cite este post de la siguiente manera:
Aula Magna 2.0 (31 de julio de 2026). Formar para actuar: una propuesta innovadora de primeros auxilios en Educación Física. Aula Magna 2.0. Recuperado 10 de septiembre de 2026 de https://doi.org/10.58079/16ncd


