Universidad Internacional de La Rioja
Palabras clave: BORDON, Divulgación científica, carrera investigadora, UCC+i, cultura científica
En un escenario marcado por la desinformación, la comunicación científica trasciende la mera transferencia de datos para convertirse en una responsabilidad institucional y un pilar fundamental de la carrera investigadora.
La ciencia interesa hoy como nunca. Vivimos un momento de inusitado interés por el conocimiento científico y los investigadores encuentran en los medios de comunicación un altavoz para sus hallazgos que era difícil de imaginar antes de la pandemia. Sin embargo, asistimos a una paradoja inquietante: nunca han arreciado tanto la desinformación, los bulos y las teorías de la conspiración que cuestionan pilares tan asentados como la propia gravedad o la eficacia de las vacunas. En este contexto, la comunicación social de la ciencia deja de ser una actividad secundaria para convertirse en una responsabilidad institucional compartida, fundamental para dotar de criterio a la ciudadanía frente a la intoxicación actual.
El rigor de la claridad
Para avanzar en esta tarea, conviene primero delimitar qué es divulgar y, sobre todo, qué no es. Divulgar no consiste en presentar una ponencia en un congreso especializado ni en participar en la elaboración de un manual para colegas de área. Divulgar es comunicar la ciencia —los resultados de una investigación o el conocimiento acumulado sobre una materia— de forma que pueda ser entendida por el público general.
Es importante tener presente que esta es la audiencia a la que nos dirigimos, procurando que el mensaje sea inteligible. Ese es el gran reto: hacer comprensibles conceptos complejos para una audiencia interesada pero no especializada. No se trata de sacrificar el rigor, sino de hacernos entender, dejando atrás el viejo complejo de que la claridad nos resta prestigio ante nuestros pares.
El respaldo normativo y técnico
El respaldo a esta labor ya no es solo una cuestión de voluntad personal, sino que cuenta con un sólido marco normativo. La Ley de Ciencia 17/2022 estableció por primera vez entre sus objetivos el compromiso de impulsar la cultura científica a través de la educación y la divulgación, señalando que el personal investigador debe velar por que sus resultados generen un valor social real. Esta alusión explícita es una novedad histórica en nuestra legislación.
Para materializar este compromiso de conectar la I+D+I con la ciudadanía, la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología (FECYT), dependiente del Ministerio de Ciencia e Innovación, impulsó en 2007 la creación de las Unidades de Cultura Científica y de la Innovación (UCC+I). Aunque su composición, dotación y encaje dentro de las universidades es diversa, estas unidades ofrecen al personal investigador el respaldo de expertos en comunicación para transformar sus hallazgos en noticias o en acciones de divulgación —exposiciones, muestras o talleres— de relevancia e impacto social. Se trata de un ecosistema de apoyo al investigador que no solo incrementa la visibilidad del trabajo científico, sino que facilita el acceso a financiación competitiva, consolidando la divulgación como una actividad profesionalizada y de valor estratégico.
Qué y cuándo comunicar
A menudo surge la duda sobre qué contenidos son susceptibles de ser divulgados. Determinar qué se divulga implica poner en valor toda la cadena de producción científica. El foco principal suele recaer en los resultados de proyectos competitivos y hallazgos validados por revistas indexadas, al ser los indicadores de mayor peso académico. Pero la comunicación científica también se nutre de formatos como las patentes, los manuales o las tesis, aunque sus aportes parezcan más discretos.
Al divulgar a través de los medios, cualquier contenido que aspire a ser noticia debe cumplir con requisitos de actualidad —trasladar las conclusiones de una investigación reciente— y relevancia periodística, entendida como el impacto social, político o económico sobre la población. A veces, el valor reside simplemente en aportar luz sobre una problemática emergente en el debate público. Aquí radica el valor de la divulgación: situar en la agenda temas que requieren reflexión e incluso acción por parte de la sociedad y sus instituciones.
Fuente de la imagen: Pixabay
Beneficios para el investigador
La divulgación ofrece a los investigadores la posibilidad de influir en políticas públicas, prácticas institucionales y en la opinión y percepción del público. También facilita que se establezcan contactos con actores políticos, administraciones, organizaciones profesionales, asociaciones comprometidas socialmente y empresas.
Más allá de los méritos que pueden reflejarse en los procesos de acreditación y sexenios, los beneficios de divulgar para el investigador son múltiples y están respaldados por la evidencia. Diversos estudios apuntan que las publicaciones científicas divulgadas a través de una UCC+I obtienen proporcionalmente más citas que las que no han sido divulgadas por vía institucional. Además, la divulgación facilita contactos profesionales al personal investigador, y mejora la percepción pública de la ciencia y las competencias científicas del profesorado y alumnado.
En busca de la oportunidad
¿Cómo detectar la oportunidad? ¿Cuándo es el momento idóneo para divulgar? La respuesta más evidente es cuando tengamos resultados relevantes, ya sea al término de un proyecto o tras su publicación en una revista científica de impacto. Sin embargo, la propia actualidad informativa genera ventanas de oportunidad constantes para divulgar el conocimiento científico. El conocimiento científico puede aportar contexto a las informaciones periodísticas.
El asesoramiento experto a periodistas es una de las principales vías de divulgación para los investigadores, que pueden ofrecer una visión profunda sobre los fenómenos que nos afectan como sociedad. Este contacto puede surgir a propuesta de la UCC+I o mediante una petición directa del periodista, a menudo a través de las redes sociales.
También es posible difundir el conocimiento mediante artículos en medios especializados como The Conversation. Una excelente forma de encontrar ideas es preguntarnos qué desconoce el público o qué debería saber para tener una perspectiva más completa sobre una realidad determinada.
Asimismo, existen características intrínsecas a la investigación que poseen valor noticioso: una financiación reseñable, una muestra considerable o estudios longitudinales sobre poblaciones de difícil seguimiento. A esto se suman las efemérides (como el Día de la Mujer y la Niña en la Ciencia o el de las Enfermedades Raras), que predisponen a los periodistas a buscar activamente fuentes expertas y facilitan al personal investigador un espacio natural en los medios para explicar sus avances, aprovechando que el foco informativo se encuentra ya posicionado sobre su área de conocimiento.
El arte de “vender el tema”
En todas estas situaciones los profesionales de las UCC+I son aliados estratégicos. No solo ayudan a identificar estas ocasiones, sino que asesoran sobre la mejor estrategia para comunicar los resultados, evaluando la posible repercusión y el riesgo de divulgar en momentos de excesivo “ruido” mediático. El objetivo es contribuir a la comprensión, no alimentar la entropía.
Estas unidades ofrecen además formación para afrontar entrevistas o ayuda para definir el enfoque de un artículo y construir el pitch o propuesta al medio, lo que en el argot periodístico se conoce como “vender el tema” para captar el interés del editor.
Para encontrar este enfoque en nuestra propia investigación es fundamental definir el mensaje: esa idea principal que deseamos que el lector retenga. A partir de ahí, plantear un titular tentativo o formular el artículo como la respuesta a una pregunta social permite “tirar del hilo” narrativo. Tras un arranque potente, el texto debe conducir a una conclusión alineada con esa aportación inicial que deseamos trasladar a la ciudadanía.
Que la ciencia se sitúe hoy en el epicentro del debate público es, sin duda, un síntoma de una sociedad sana. Sin embargo, el interés ciudadano es solo el primer paso: la implicación del personal investigador en ese diálogo es el motor definitivo para conformar una ciudadanía más madura, crítica y dueña de su propio progreso que no solo admire el conocimiento, sino que lo utilice para afrontar con éxito los complejos retos del futuro.
Cómo citar esta entrada:
Puerto Escandell, Sara. (2026). ¿Por qué divulgar? Claves para conectar la investigación con la sociedad. Aula Magna [Blog]. https://cuedespyd.hypotheses.org/21067
[i] Periodista especialista en divulgación científica. Actualmente, trabaja en la Unidad de Cultura Científica y de la Innovación (UCC+I) y el departamento de Comunicación de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR). Asesora e imparte formación en comunicación social de la ciencia para investigadores. Más de veinte años de trayectoria en medios de comunicación especializados y comunicación corporativa.
OpenEdition le sugiere que cite este post de la siguiente manera:
Aula Magna 2.0 (30 de enero de 2026). ¿Por qué divulgar? Claves para conectar la investigación con la sociedad. Aula Magna 2.0. Recuperado 12 de julio de 2026 de https://doi.org/10.58079/15lk1



