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De la Escuela Normal de Magisterio a Facultad de Educación. Historia y Memoria

García Pascual, E. (2026). De la Escuela Normal de Magisterio a Facultad de Educación. Historia y Memoria. Prensa de la Universidad de Zaragoza.

Escudero Muñoz, J. M. (2026). De la Escuela Normal de Magisterio a Facultad de Educación. Historia y Memoria. Educatio Siglo XXI44(1), 287–292. https://revistas.um.es/educatio/article/view/704451


La exposición organizada por la Facultad de Educación de Zaragoza, en 2019, para conmemorar los 175 años desde la creación de la antigua Escuela Normal de Magisterio, en 1844, ha tenido, de acuerdo con el autor, un papel clave en la gestación y publicación de este libro. Se trata de una obra cuidadosamente documentada, elaborada con fuentes y referencias cuya integración nos informa de diferentes contextos sociales y políticos y, más específicamente, de factores influyentes y dimensiones involucradas en la formación del magisterio desde mediados del siglo XIX hasta el primer cuarto del actual siglo XXI.

El profesor Enrique García ha logrado componer una visión global de sumo interés, desgranar, análisis y juicios fundados sobre las diferentes facetas y vicisitudes que fueron componiendo la formación de maestros y maestras sobre un escenario largo, ancho e intenso, hasta tales extremos que hay un amplio acuerdo en sostener que lo acontecidos en este período fueron mayores en cantidad y calidad que los que se habían dado en toda la historia de la humanidad: en lo social, cultural y político, en el desarrollo de la ciencia, el conocimiento y la tecnología, consecuentemente también en la educación y en la profesionalización no solo del magisterio, sino también de las profesionales en general y las socio-educativas más en concreto.

Muchos de tales cambios y transformaciones fueron para bien, representando avances y progresos en derechos humanos, civiles y políticos, también educativos; otros, sin embargo, devastadores, desde guerras mundiales y civiles, alguna de ellas nos afectó en contenidos y formas cuyos vestigios más oscuros todavía perviven. Y para quienes ya tenemos una cierta edad, podemos confirmar lo que confiesa de sí mismo el autor: estas páginas están hechas al mismo tiempo de historia y de memoria. No nos resulta difícil volver a la infancia de la mano de Machado y visualizar aquellas mañanas o tardes frías y monótonas de aquel verso: “con timbre sonoro y hueco / truena el maestro, un anciano / mal vestido, enjuto y seco / que lleva un libro en la mano”.

El largo viaje que se nos propone entre aquella Escuela Normal y la actual Facultad de Educación no consiste en una cronología de acontecimientos que el autor, desde fuera y a distancia, describe, analiza y traduce a relato histórico. Tampoco lo hace bajo una presunta óptica de neutralidad que sería, en realidad, engañosa; los asuntos de los cuales se ocupa este trabajo disuaden cualquier pretensión de refugiarse bajo algo ajeno a controversias. Sin pérdida de la ecuanimidad exigible, por los distintos capítulos van apareciendo sensibilidades y miradas que entrecruzan lo personal y profesional, la descripción y el análisis con valoraciones y juicios. Se aplican a documentos y fuentes diversas que se toman como referencias, siempre a través de un prisma cuyos valores y criterios giran en torno a una afirmación decidida del derecho esencial de la educación que asiste a todas las personas y sus contribuciones imprescindibles para una buena vida en común, una sociedad cohesionada y democrática. Es este un marco de sentido y propósito con significados y compromisos singulares para quienes se preparan de cara a ejercer una profesión, la enseñanza, que siempre, salvo alguno que otro triste paréntesis, fue y sigue siendo concebida como una contribución sin par al ser y el devenir de las personas, a la creación y redistribución de la cultura, el afán de ir haciendo caminos hacia horizontes de humanidad y bienestar, justicia, igualdad y equidad.

El profesor Enrique García, por lo demás, goza de una condición privilegiada a la hora de hablar y escribir, indagar sobre el pasado y narrar reflexivamente el presente vivido, enunciar análisis y juicios comprometidos sobre la institución que ha habitado a lo largo de una amplia y densa trayectoria transcurrida en ella. Han sido diferentes los papeles asumidos y las tareas llevadas a cabo: el de docente e investigador, de comunicador activo en medios y redes cumpliendo así una de las funciones orteguianas de la Universidad y, además, responsabilidades de gestión como Decano de la Facultad de Educación, un cargo este con tantos honores como cargas no fáciles de desempeñar en los tiempos raros que nos han ido tocando vivir las últimas décadas.

Esta no es la única obra que se ha ocupado de refrescar la memoria revisando y valorando la formación del magisterio desde mediados del siglo XIX hasta el primer cuarto ya transcurrido del siglo XXI. Ha habido incursiones diferentes y valiosas, muchas de la cuales han sido cumplidamente consultadas y aprovechadas al escribir este trabajo; cualquier persona interesada en seguir explorando la historia pasada y más reciente de la formación del magisterio puede encontrar sugerencias de interés en las referencias bibliográficas y documentales aportados por este texto. A mi modo de ver, la crónica que aquí se plantea sobre la formación del magisterio es destacable por dos motivos diferentes, pero ambos dignos de reconocimiento. El primero se refiere al valor que tiene el hecho de haber acometido esta ardua tarea con las altas dosis de energía, dedicación, tiempo y entusiasmo con que se ha hecho. Todavía, si cabe, resulta más destacable dado que nuestro autor, en la etapa de su trayectoria personal en la que lo ha culminado no necesitaba ya de tal mérito para seguir engrosando currículo profesional; este libro, que consta de más de trescientas y bien trabajadas páginas, pertenece a ese universo en el que prevalece el valor intrínseco de lo que se hace, no esa otra lógica instrumental que desgraciadamente ha terminado por contagiar investigaciones y escrituras puestas al servicio de la productividad desbocada, de indicadores y rúbricas sin fin, de una cultura performativa que puede llevas hasta las fronteras del sin sentido.

El segundo, entrando de lleno en los contenidos más detallados que se tratan, tiene que ver con la demarcación de una cronología ciertamente adecuada para incluir y clarificar las caras múltiples de la institución formativa de la que se ocupa. De sus tiempos y contextos, circunstancias y condiciones arquitectónicas, perfiles de maestros y maestras pensados y hechos explícitos con grados diferentes de trasparencia y participación, de finalidades y contenidos formativos, así como de la diversidad de agentes involucrados, docentes, directivos, estudiantes y otros agentes universitarios, sociales y políticos.

Tras la presentación de rigor, un discurso oportuno del actual Decano de la Facultad, cumplidos agradecimientos y un prólogo, al lector se le propone un recorrido a través de seis capítulos en los que se informa fehaciente y documentadamente de los citados aspectos de la formación del magisterio; más en concreto en la institución zaragozana que se ocupó de ello y fue conformando décadas tras décadas, reformas tras reformas a lo largo de algo más de siglo y medio. De acuerdo con los propios intereses, cada cual puede concentrar la atención en todos o en algunos de los aspectos de cada uno de los capítulos; todos son importantes, ninguno está de más, todos contribuyen a ir componiendo una visión de conjunto que va moviéndose de unos u otros modos, en unas u otras direcciones por los hitos históricos más relevantes que se describen. Hay peculiaridades que atañen al personal – profesorado y alumnado, por ejemplo – que no por conocidas resultan menos llamativos e ilustrativos. Entre otros, la extracción social y formativa del los formadores de formadores de antaño o de los/as directores/as de los centros, así como, en algún período en particular, la condición inquebrantable de tener que certificar fehacientemente una determinada adhesión política e ideológica. Respecto al alumnado, que como es de suponer ha experimentados cambios externos e internos, superficiales y profundos en un escenario temporal tan dilatado, no me resisto a destacar, sea tan solo a título ilustrativo y para remover alguna desmemoria, el hecho de que casi hasta cerca de los setenta y aún compartiendo ya el mismo edificio, por una puerta, la central, entraban los chicos, por otra, una lateral, accedían las chicas, futuras maestras, cuya formación en contenidos, relaciones y formas también era diferencial y no precisamente por ese principio de atención a la diversidad que ahora reclamamos.

Sin merma de la atención que merecen, como digo, todos los aspectos que se describen, uno de los más relevantes y digno de una atención detenida es el relativo al currículo, a los planes de estudio. Desde el capítulo dos al siete es un tema transversal, lo que es del todo comprensible: no puede hablarse de formación sin dar cuenta de esta faceta, en la que tanto importa y significa lo que, por acción u omisión, se incluye y trata como lo que se omite y silencia. No ha lugar aquí a desgranar cómo se han ido incluyendo u omitiendo, a lo largo del período consignado, unos u otros contenidos y propósitos formativos, daría para muchas páginas, pues en el libro se reflejan y analizan con un cierto detalle tanto el acceso y los requisitos previos (desde aquel bachillerato elemental hasta el posterior bachillerato más preuniversitario y más recientemente PAU) hasta la relación de asignaturas y el tratamiento temporal de las mismas, incluyendo la convulsión que, en las últimas décadas, ha ido suponiendo el sistema de créditos, el incremento muy considerable del número de asignaturas y la irremediable fragmentación, además de la impronta y dependencia de sucesivos “regímenes”, que según unos u otros períodos han dejado marcas políticas e ideológicas más o menos asumibles o controvertidas. Sin descender a detalles, cabe, antes de finalizar, sugerir un par de claves con las que enmarcar la lectura activa del libro.

Una, la apreciación de que todas las reformas del magisterio se han inscrito en reformas educativas más amplias. Ambas pueden ser bien entendidas como pugnas entre ideologías y poderes políticos, sociales, culturales y educativos. Leer bajo este registro los movimientos que van desde la Ley Moyano (1857) hasta la Facultad de Educación (2002) en Zaragoza (esta fecha ha sido diferente en otras CCAA y provincias), pasando nada menos que por la gran reforma emblemática de la II República y el paso radical atrás que representó el período de la dictadura franquista, puede ser muy provechoso, tanto a efectos de comprensión como de conciencia y memoria histórica.

Dos, resulta llamativo, tal como la lectura atenta del texto viene a revelar, que una cosa son las reformas decretadas y otra, generalmente diferente y además conflictiva por lo habitual, lo que dan de sí en las prácticas y, asimismo, lo que generan por fuera y por dentro de la institución: por fuera, según el mercado laboral, la presión de la demanda de acceso al magisterio ha ido cambiando, por dentro, hay dos temas que parecerían una fatalidad irresuelta. Uno se refiere a la persistencia de una cultura micropolíticas entre áreas de conocimientos y docentes noveles y docentes establecidos que sienten asaltadas sus sedes y sus derechos, el otro, una tensión también pendiente de resolución como es la relativa al equilibrio inestable entre formación científica y disciplinar, didáctica de las disciplinas, formación pedagógica, psicológica y sociológica (las pugnas al respecto vienen de lejos y persisten hasta ahora mismo, lo mismo que persisten entre el valor, jerarquía y equilibrio entre formación teórica, profesional y práctica, dentro de la institución universitaria y en los centros de infantil y primaria que son el horizonte laboral del magisterio).

Antes de finalizar, el libro ofrece con gran acierto tres visiones: una del actual Decano, que da buena cuenta del crecimiento y despliegue nacional e internacional de la Facultad de Educación, otra de una profe- sora que fue alumna, becaria, docente y Decana del centro, que ilustra singularmente historia y memoria encarnadas en la persona, una tercera de un conserje, personal de tareas y presencias merecedoras de mayor reconocimiento que el que suele prestárseles, y una voz de una antigua alumna, Juana María Sancho, excelente colega, docente e investigadora, que ofrece con destellos lapidarios un conjunto de ilustrativas imágenes de aquellos tiempos. Vale realmente la pena dedicarles a estas voces bien justificadas y participadas unos minutos adicionales bien merecidos. Son una muestra más del talante humano del autor, del modo que encarna lo mejor del espíritu universitario, que consta de una polifonía de voces, de poderes e influencias.

Juan Manuel Escudero Muñoz

jumaes@um.es Universidad de Murcia, España

 

Aula Magna 2.0
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Aula Magna 2.0 (19 de marzo de 2026). De la Escuela Normal de Magisterio a Facultad de Educación. Historia y Memoria. Aula Magna 2.0. Recuperado 13 de julio de 2026 de https://doi.org/10.58079/15why


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