Por Jesús Miguel Rodríguez Mantilla[i]
Palabras clave: BORDON, inteligencia artificial, pensamiento crítico, educación superior, actividades discursivas, Modelo ADeliA
La publicación de los resultados de PISA 2025 ha vuelto a situar en primer plano una preocupación que atraviesa los sistemas educativos: ¿qué ocurre cuando la incorporación acelerada de tecnologías digitales no va acompañada de un diseño pedagógico capaz de proteger y fortalecer la comprensión, la atención, el razonamiento y el pensamiento crítico? La OCDE señala que el promedio de sus países alcanzó en 2025 los niveles más bajos observados hasta ahora en ciencias, lectura y matemáticas. En lectura, además, descendió especialmente el rendimiento en destrezas necesarias en la era de la Inteligencia Artificial (IA): evaluar información, conectar fuentes y pensar críticamente sobre lo leído (OECD, 2026). Estos datos no sostienen, en sí mismos, una explicación causal, pero sí muestran que la mera presencia de tecnología en las aulas no garantiza mejores aprendizajes.
En relación con la IA, PISA 2025 no permite afirmar que su uso sea una causa directa de la bajada del rendimiento, pero sus resultados sugieren que importan la finalidad, la intensidad y el acompañamiento pedagógico (OECD, 2026). Así, la irrupción de la Inteligencia Artificial Generativa (IAG) sitúa a la comunidad educativa ante una pregunta que ya no puede aplazarse: ¿cómo formar a estudiantes capaces de utilizar estas herramientas sin delegar en ellas su pensamiento?










